Blogia

Ropa tendida

Ropa tendida en admiradores de varais

Desde aquí nuestra recomendación al blog admiradores de varais: dando importância à desimportância.

En este blog de nuestra vecina Portugal, enlazan una crítica de Ropa tendida poniéndole el título de as vidas escondidas em um varal

En la imagen, una de las fotografías que aparecen en el blog.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres.

Ropa tendida en el blog de El Correo

Ropa tendida aparece comentado en el blog de El Correo, Mi vida y los libros. Los libros y mi vida:

"El Diccionario María Moliner recoge la expresión "ropa tendida" y la define como "frase empleada para recomendar cautela en lo que se dice por la presencia de ciertas personas". Eva Puyó nos advierte de esta manera de que estamos siendo testigos circunstanciales no del todo deseados de situaciones íntimas, que no llegan a la categoría de inconfesables, pero sí vergonzantes o, mejor aún, incómodas.


Por otra parte, la ropa tendida en un inmueble es la prueba definitiva de que está habitado. Y habitados, llenos de vida, están los episodios hilados (no necesariamente conectados) con los que Eva Puyó nos acerca, gracias a pinceladas entre sutiles y descarnadas, a la vida de una mujer joven, de clase media - baja, universitaria y trabajadora, con una relación difícil y cercana con una familia pintoresca, ordinaria, corriente, inusual.


En ocasiones, la autora utiliza la primera persona para describirnos esos retazos de vida a partir de los cuales nos es dado reconstruir no sólo una biografía, sino también el retrato de una capa social, la de la clase media - baja, que sobrevive gracias a trabajo y esfuerzo, sin desdeñar el chanchullo o el trapicheo (en este contexto sorprende la afición del padre a "jugar" en Bolsa, entendida esta como un juego de azar). Otras veces la autora ensaya un juego de alejamiento y se desdobla apareciendo como narradora a sí misma, y utiliza para ello la segunda persona.


Describe la narradora su vida, su novelada vida, con cierta distancia, centrándose en los hechos y sin recurrir a discursos o a explicaciones sentimentales. Son hechos descarnados, que no precisan justificaciones rebuscadas ni se prestan a excesivas interpretaciones. Hechos anodinos, poco novelescos, pues no es esta una historia de héroes o heroínas, de situaciones comprometidas o peripecias disparatadas. Es la vida misma, con su encanto y sordidez: la compra de baldas para una estantería, una operación de varices, la cola para solicitar una vivienda de protección oficial, los trabajillos precarios para sacar un dinero extra, las clases del carnet de conducir,.... Algunos de estos episodios me hacen sonreir en cuanto que son cercanos a situaciones vividas y familiares. A mí me despierta ternura el de los padres yendo a recoger fruta de árboles abandonados o a ramonear huertos ajenos (esa llamada de la tierra, esa herencia de homo recolector). Otros nos recuerdan que entre el blanco y negro hay una infinita gama de grises: incluso un padre, figura de respeto y de cobijo, puede ser un maltratador y una canalla capaz de gastar los ahorros de los hijos pequeños, y aún así....


No hay que confundir este libro con un relato costumbrista: hay ropa tendida, lo que convierte a esta historia en una descripción íntima y personal. Acertado el manejo de la sucesión temporal, con idas y venidas en el tiempo que sin embargo no distraen ni confunden.


Interesantísimo libro de una autora joven, creo que su primera publicación. Espero que no sea la última y aguardo la siguiente, aun sospechando la escasa difusión que una pequeña y meritoria editorial podrá hacer de esta escritora y sus seguro que acertadas futuras propuestas."

 

Ropa tendia, Por los caminos de la tierra oral

Pep Bruno, narrador oral profesional, escritor y editor, habla de Ropa tendida en su blog Por los caminos de la tierra oral. Este blog, según cuenta Pep, "pretende ser un cuaderno de viaje por la tierra oral: anécdotas de mis sesiones de cuentos, sorpresas encontradas en libros, reflexiones, noticias sobre publicaciones (como lector, como autor, como editor), cuestiones del oficio de narrador oral, cosas que pasan en el día a día, etc.".

Entre sus recientes lecturas, comenta:

"Acabo de terminar de leer Ropa tendida, de Eva Puyó, en ed. Xordica.
Fue Ignacio Sanz quien me recomendó el libro y, una vez más, su recomendación fue acierto pleno.
Leer este libro ha sido un placer desde la primera hasta la última página. Un texto limpio, como recién lavado y puesto a secar, con olor a fresco, sin artificio ninguno. Un libro que parece de costumbre, un aparente no pasar nada y ver cómo la vida va pasando, y pasa, y con ella pasan cosas. Un vislumbrar temas que no se dicen, que no se miran frente a frente y que sin embargo abrazan todo el libro y a todos los personajes y hasta a los lectores. Un transcurrir de los días desde una supuesta distancia que a cada palabra se acorta hasta llegar a lo hondo, hasta lo más hondo.

El libro me ha encantado y he disfrutado mucho con su lectura. Parece mentira que sea una ópera prima. Por supuesto os recomiendo su lectura.
Por cierto, tiene una cita sobre contar:
"Mi padre enciende un nuevo cigarrillo para dar tensión a su relato. A mi padre le gusta contar historias, y, sobre todo, le gusta tener a todo el mundo callado a su alrededor no haciendo otra cosa que escuchar atentamente y sin interrumpirle." [p.41]
Quién no reconoce en esta descripción a multitud de narradores espontáneos, el típico familiar que acaba tomando la palabra en los encuentros familiares y vuelve a contar las mismas historias con la aprobación y deleite de todos los escuchadores. El narrador espontáneo, que domina las técnicas del contar sin saber que lo hace, naturalmente."

Óscar Esquivias habla de Ropa tendida

 

El escritor Óscar Esquivias, en la sección de opinión Fuegos artificiales del Diario de Burgos, habla de Ropa tendida en su columna del 10 de enero de 2010 titulada "Pero qué gustos más raros tienen los Reyes Magos". En ella, recomienda tres títulos "por si ustedes tienen que ’descambiar’ algún libro y no saben cuál elegir para llevarse a casa, yo me permito aconsejarles tres (uno por Rey Mago)". A Melchor, que trae el oro, Óscar Esquivias e regalaría Como una historia de terror (Editorial Salto de Página, 2008) de Jon Bilbao. A Baltasar le recomienda la última publicación de Esther García Llovet, Las crudas (Ediciones del Viento, 2009). Del libro Ropa tendida dice:

"Otra obra que brilla por su carencia de retórica y de artificios es Ropa tendida (Editorial Xordica, 2007) de Eva Puyó, el libro que le toca al incensado rey Gaspar (¡afortunado él!). Ropa tendida me divirtió y emocionó profundamente. Describe un paisaje físico y humano que a muchos nos resulta familiar: el de los barrios de las afueras (en este caso, de Zaragoza). El de Puyó es un mundo proletario, poblado por familias humildes donde abundan los adolescentes desorientados y no faltan los bares, los chanchullos y los trabajos precarios. Este escenario, que parece propio de la novela costumbrista o social, está descrito por Eva Puyó con una prosa transparente, con un personalísimo sentido del humor y, a la vez, con tanta humanidad, que consigue el milagro de transformar la más inmediata cotidianeidad en alta - altísima - literatura."

Y termina con un deseo:

"Queridos Reyes Magos: esta es la literatura actual que me gusta. Permitidme que os escriba mi carta con un año de anticipación y que os pida que Jon Bilbao, Eva Puyó y Esther García Llovet publiquen libros nuevos y que yo los encuentre en mi zapato el 6 de enero de 2011."

Óscar Esquivias es autor de una trilogía dedicada a la Divina Comedia y formada por las novelas Inquietud en el paraíso, La ciudad del Gran Rey y Viene la noche. Además, con su libro La marca de Creta ganó el Premio Setenil al Mejor Libro de Relatos 2008.

 

Ropa tendida en el blog de Sergi Bellver

Ropa tendida en el blog de Sergi Bellver

 

Sergi Bellver, en su blog Alas de albatros, se ha propuesto hacer una recopilación de buenos libros de cuentos publicados por escritores españoles desde el año 2000. Ropa tendida aparece en el listado.

Ropa tendida en Rueda de Jalón

Dentro del ciclo "Valdejalón en torno a un libro" el día 13 de noviembre de 2009 tuvo lugar un encuentro de la escritora Eva Puyó con sus lectores de Rueda de Jalón. El acto tuvo lugar en la biblioteca, y estuvo presentado por la técnica cultural Anabel Langarita. Al finalizar se le hizo entrega de una bonita placa hecha con piedra de Calatorao.

 

 

Y aquí, la programación completa del ciclo de lectura y encuentros con escritores en la Comarca de Valdejalón:

 

Ropa tendida en Libros y literatura

Ropa tendida en Libros y literatura

 

Ropa tendida en el blog Libros y literatura. La reseña es de Susana Hernández:

Autora: Eva Puyó
Edición: Xordica
Páginas: 120
Opinión: Un pequeño milagro de naturalidad

Lo primero que me llamó la atención de este libro al tenerlo entre mis manos, fue su estupenda portada, ese patio interior en el que todos intentamos ocultar de las miradas ajenas nuestras miserias.

Un libro sencillo, que nos cuenta historias que giran en torno a las relaciones familiares, a sus  rarezas, con un lenguaje propio que sólo se da entre sus miembros. Me ha transportado a un tiempo pasado, ese que todos tenemos archivado en nuestro cerebro. Habla de esas cosas que nunca contamos porque pertenecen al ámbito más íntimo de la convivencia familiar, lo que sólo existe de puertas para dentro. Y lo hace a través de una escritura fresca y directa, y con ese sentido del humor que sólo puede provenir de la magia de lo cotidiano.

Y lo cotidiano, en los duros años de la reconversión industrial en “La Jota”, ese barrio obrero de Zaragoza, podía ser ese padre buscavidas y chanchullero, que me cae bien, porque hace lo que puede y como puede (una imagen de padre que me ha recordado al bueno de Homer Simpson), un buen hombre que a pesar de todos sus defectos ama profundamente a su familia.

Y una madre que trabaja en lo que entonces trabajaban las madres de los barrios obreros, limpiando casas, y que llora en la cama, en el silencio de su habitación, sola, lejos de las miradas del resto de la familia, como otras tantas mujeres sacrificadas que han sido felices sólo a ratos.  

En muy pocas páginas me ha hecho recordar mi primer empleo, mi primer amor, y a aquellos amigos de los que hoy nada sé. Y es que Eva Puyó me ha hablado de mi vida, porque lo que le pasa a su protagonista es tan creíble que parece haberle pasado a ella, o … a nosotros mismos.

Susana Hernández Sánchez

Ropa tendida Por las montañas de Holanda

Ropa tendida Por las montañas de Holanda

 

Ropa tendida en el blog Por las montañas de Holanda de Manuel Abacá:

"Creo que durante mucho tiempo me gustarán libros de este tipo. Libros que hablen –así de sincero- de las familias de cinco. No es fácil. Muchos verían estrellas de cinco puntas donde yo solo veo parches con forma de pentágonos. O, mejor dicho: con forma de escudo. Así me gusta recordar a mi familia: como un escudo.


Ropa sin tender. Solo me he enterado de la lluvia cuando me he levantado de la cama y he visto a mi madre tendiendo la ropa por los radiadores.

Los cromosomas también son copia. Los pitufos, Lulú, Pumuki. Todos estos muñecos de plástico tenían su correspondiente “gemelo” de bronce. Mi padre (…) Al día siguiente nos lo devolvía (…) y con su doble de bronce. Era algo que hacía en los ratos libres del taller de fundición en el que trabajaba (…) Los muñecos de bronce eran duros y fríos (…) También mi padre podía ser duro y frío.

XX. Mi padre era tornero en la fundición, una profesión que me resultaba muy difícil de imaginar. Cuando rellenaba el papel de las becas, mi padre me decía que pusiera una equis en la casilla de obrero “cualificado”, en lugar de la de “sin cualificar”. Eso era algo que me daba una pista sobre la categoría de su trabajo.

YY. Mi madre en las reuniones del colegio decía que era “ama de casa”, cuando se pasaba la mayor parte del tiempo fuera de ella (…) A veces mi madre nos llevaba a ver esas otras casas donde iba a trabajar, cuando sus dueños no estaban.

Caballero. A mi hermano le diagnosticaron que tenía los pies planos (…) Yo creía (…) que un asmático de pies planos no podía jugar al rugby.
Ahora mi hermano camina por la casa con pequeñas pesas unidas a sus tobillos para fortalecer las piernas (…) La casa se llena de olor a reflex (…) Los tacos nuevos de mi hermano resuenan sobre el cemento como cascos de caballo.

Capitán Ahab. Mi abuela murió muchos años después que mi abuelo, y su agonía duró tan solo un par de días (…) Decía: “Sólo lo hice una vez, sólo lo hice una vez”, y tenía miedo de ir al infierno. Mi padre le dijo: “No te preocupes, madre, esas cosas Dios las perdona”. Un poco más tarde estaba fría, gorda y grande, como una ballena fuera del mar.

Brindis
. Los únicos autobuses circulan casi vacíos y muy deprisa. Yo conduzco con cuidado para evitar que se rompan las botellas. Aún así, cada vez que freno se oye un “cling clong” grave. Pienso que esa es la música de mi Navidad. El brindis, que anticipa el par de besas, los únicos que nos damos en todo el año.

No dejéis tizas a los niños. Cuando acababan las clases mi hermana y yo nos quedábamos en el colegio vacío, mientras mi madre y otras señoras de bata azul limpiaban las aulas. Las señoras de bata azul nos dirigían palabras amables. Mi madre nos daba una bayeta para que quitáramos el polvo de los cajones de los pupitres. Mi hermana y yo recorríamos las aulas vacías. Nos metíamos en las clases de los mayores. Dibujábamos con tiza en la pizarra flores y niñas de pestañas largas. Un día se nos olvidó borrar el dibujo, grande como un mural, de la pizarra de una de las clases. Los alumnos mayores se debieron de reír mucho con ese dibujo. El profesor se enfadó. Mi madre recibió una reprimenda de la señora P. Al día siguiente nos dijo que no podíamos dibujar más en la pizarra.

Léxico familiar. “limpiar sobre limpio”, como decía mi madre.

Recados. Cuando mi madre no se encuentra bien siempre es igual. Mi padre me pide que vaya a ver qué tal se encuentra y si necesita algo. De hecho, creo que verdaderamente él se preocupa de ella más que yo. Es como si la quisiera a través de otra persona, a través de mí.

Mi casa por partes. Una secretaria del Ayuntamiento me entregó, además, una bolsa que contenía un alcachofa de ducha. “Ha habido muchos robos, y preferimos darlas así.”

Transfusión. Con tu padre no puedes tener una conversación intrascendente. No puedes hablar del día que hace, de las últimas noticias de la tele, o de la película que has visto. En las conversaciones entre tu padre y tú todo acaba volviéndose denso y oscuro como la sangre.

Inauguración. Te das cuenta de que a tu ex novio ya no le gusta cómo eres, y de que ya no te quiere. De hecho, ahora mismo, notas cómo le molesta hasta el pequeño gesto de robarle cigarrillos (…) Ha fumado porros a la misma velocidad con la que tú te has terminado la botella de vino que has traído (…) A él le asustaba el mundo laboral. Tú querías irte de casa a toda costa, él se encontraba a gusto en la suya.


Reencuentro. Ahora ya no van a robar verduras al campo. Ahora sólo van a recoger frutas de los árboles abandonados. Se hacen mayores, pienso (…) Los frascos de mermelada nos sirven para probar el sabor de la fruta de temporada (…) Mi padre dijo que no era feliz al lado de mi madre. Hablaron de separarse. En esa época todos en mi familia parecíamos ser muy desgraciados."

Eva Puyó en el Club de Lectura "Leídos y liados"

Eva Puyó en el Club de Lectura "Leídos y liados"

 

Eva Puyó en una reunión del Club de Lectura "Leídos y liados", de Ejea de los Caballeros, que coordina la poeta Susana Hernández.

Pincha aquí para leer el artículo publicado en Ejea digital.

"Carne de arrabal"

"Carne de arrabal"

 

Fernando Iwasaki escribe de Ropa tendida en el número 61-62 de la Revista de Literatura Renacimiento:

"Carne de arrabal

Así como a través del cine uno ha descubierto el mundo de Yo soy la Juani o de Los lunes al sol, Ropa tendida de Eva Puyó también nos muestra los entresijos de aquellos suburbios en su primer libro de cuentos. Son relatos de un lirismo canalla y sentimental, como corresponde a las peripecieas de una familia de buscavidas y sobrevivientes.

Me encantaría concentrarme en la prosa, el humor y la originalidad de las historias, pero la ambición sociológica de Ropatendida es tan grande como su resplandor literario. A uno que ha nacido en un país latinoamericano pobre, las penurias europeas no me pueden sorprender. Sin embargo, reconozco que para muchos jóvenes narradores del primer mundo resulte un reto y una novedad. Por eso voy a atreverme a formurlar una observación sociológica: el ambiente social de Ropa tendida se parece muchísimo al descrito por Muñoz Molina en El viento de la luna  y al de los primeros episodios de la teleserie Cuéntame, quizás porque económicamente estamos retrogadando hasta los años 60 y 70. O sea que después de más de 30 años de democracia vamos a regresar a los niveles de los últimos años del franquismo.

Ropa tendida es una feliz colección de relatos donde abundan la decadencia, el desempleo y la precariedad. El título es un acierto y Eva Puyó una nueva escritora que debería sentirse satisfecaha por la calidad de su ópera prima, pero a mí me haría ilusión leerle otros relatos ambientados lejos de esos bloques de pisos y de la carne de arrabal."

 

Jordi Puntí escribe sobre "Ropa tendida"

Jordi Puntí escribe sobre "Ropa tendida"

Novelas con padre

Jordi Puntí

El periódico de Catalunya 3/1/2009

"La figura del padre ha ofrecido desde siempre buenas páginas de literatura, a menudo nacidas de un deseo de ajustar cuentas generacionales --basta leer la Carta que Kafka dedicó a su padre--, pero se diría que en los últimos tiempos su interés ha aumentado. La revista británica Granta, por ejemplo, de gran influencia literaria, dedica su número de invierno a los padres, "los hombres que nos hicieron". Sus páginas ofrecen textos de ficción y autobiográficos, con autores como Jonathan Lethem, Ali Smith o la novelista Siri Hustvedt, quien dedica un ensayo a analizar la distancia que separa a padres e hijas. "¿Por qué es tan difícil hablar con los padres?", se pregunta Hustvedt. La respuesta es compleja, y la prueba es que hasta la fecha ha dado lugar a toda una tradición literaria. Y no decae. En el pasado 2008, sin ir más lejos, pudimos leer cuatro excelentes novelas con padre, las cuatro en castellano.
El catálogo se abría con Dientes de leche, de Ignacio Martínez de Pisón (Seix Barral), donde un padre fascista y distante guarda un secreto familiar que poco a poco le convierte en un miserable. En Ropa tendida, primera obra de Eva Puyó (Xórdica), la narradora nos habla de un padre buscavidas, parlanchín, amante de los trapicheos, un perdedor simpático. De otra estirpe, el padre que aparece en Pacífico, de José Antonio Garriga Vela (Anagrama), es un viajante de perfumería que se va de casa para irse con otra mujer, tres portales más abajo en la misma calle, y luego a una pensión de enfrente, lo que agudiza su carácter pusilánime y tristón. "El mundo de mi padre cabía en una manzana", escribe el narrador. Por fin, en Todo eso que tanto nos gusta, novela feliz de Pedro Zarraluki (Destino), el padre es un arquitecto decidido y mandón, divorciado y solitario, que se resiste a envejecer y escapa de viaje. Su intención es llegar al Tíbet, pero se queda atascado en un pueblo del Empordà. Su hijo sale a buscarle y, cuando le encuentra, juntos rehacen sus vidas. "Intenta no parecerte tanto a mí", le dice en un momento el padre al hijo.
A pesar de ser cuatro padres muy distintos, todos irradian una fascinación literaria. ¿Será que, como apunta Hustvedt, resulta más fácil hablar de los padres que con los padres?"

La fotografía es del escritor Jordi Puntí y la he tomado de aquí.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres.

"Ropa tendida" en la feria de Ejea de los Caballeros

"Ropa tendida" en la feria de Ejea de los Caballeros

 

En la feria del libro de Ejea de los Caballeros, el domingo 5 de octubre, se presentaron los libros de la editorial Xordica París tres de Aloma Rodríguez y Ropa tendida de Eva Puyó. En la imagen las autoras con el editor Raúl Usón.

"Ropa tendida" en Aragón Literario

"Ropa tendida" en Aragón Literario

Ropa tendida en el blog Aragón Literario de Luis Borrás Dolz.

La fotografía es de Jesús Llaría.

ESPEJO RETROVISOR

Lo primero que hice al terminar el libro fue llamar a mis padres por teléfono. Están en su pueblo. Se pasan allí nueve meses al año. A la ciudad vienen a pasar el invierno, huyendo del frío y la boira que le sienta mal a mi madre y su reumatismo.
Cuando ya iba a colgar me cogió el teléfono mi madre. Estaba abajo, en el patio, hablando con su amiga Emilieta. Mi padre estaba en el huerto.
¿Pasa algo? No, no. ¿Qué tal todo por ahí? Bien, bien. Nada especial. Venga pues. Besos, adiós.
Le hubiera podido contar que acababa de leerme un libro que se titula "Ropa tendida" de Eva Puyó, y que había pensado en ellos. Pero creo que no hubiera sabido explicárselo.
Miré la portada del libro. La fotografía de un patio interior. Me acordé del piso de mis padres. De los patios interiores donde se colgaba la ropa en unos tendederos que iban de nuestra ventana a la del vecino de enfrente. El nuestro era el último piso. Si alguna prenda se caía al patio mi madre mandaba a mi hermana mayor a pedírsela a los del bajo. Excepto cuando era ropa interior que entonces bajaba mi madre porque a mi hermana le daba vergüenza.
En la fotografía se ve una bicicleta estática, y recordé que mi madre también tuvo una. La tenía en la trastienda y alguna vez me la encontré pedaleando, con la falda subida y los zapatos de medio tacón.
Ahora me parece que veo las cosas desde un espejo retrovisor. Miramos atrás y les vemos marcharse, quedarse solos en su paraíso imperfecto, y nosotros tenemos que seguir adelante.
"Ropa tendida" habla de un padre que ve la televisión y yo me acuerdo del mío sentado viendo el fútbol o cualquier programa ridículo de variedades. Y recuerdo haber sentido vergüenza ajena viéndole reírse a carcajadas con aquellos humoristas casposos.
La madre tiende la ropa por los radiadores y yo me acuerdo de la estufa de butano que mi madre encendía para secarnos al salir del baño cuando todavía no habían encendido la calefacción central de la casa.
Cuenta que el padre no habla mucho y yo me acuerdo del silencio habitual del mío. Cuenta de chapuzas en casa y me acuerdo cuando mi padre empapeló el solo todas las habitaciones.
Habla de madres llorando en la cama y me acuerdo de las lipotimias que le daban a la mía, que parecía que se había quedado muerta, y de aquella vez que se la llevaron en ambulancia a urgencias y la bajaron en el ascensor sentada en una silla.
Cuenta de ruinas y me acuerdo cuando mi padre lo perdió todo en aquel negocio ruinoso y tuvo que vender la tierra que heredó de su padre para pagar las deudas. Sufrió una depresión que le dejó varios días sin salir de casa. Todavía le veo sentado a la mesa, comiendo en pijama, sin afeitar y sin decir palabra.
Habla de un padre que pegaba a sus hijas y recuerdo el único tortazo que me dio el mío porque no me entraban los quebrados en la cabeza. Cuenta de un padre violento al que tener miedo y pienso en mi buena suerte y en cómo, a pesar de todo, el tiempo fabrica el olvido.
Cuenta de una madre que limpia casas y pienso en las mujeres que venían a limpiar a la nuestra. En aquella mujer, que no era joven y se arrodillaba en el suelo para limpiar el parquet.
Habla de un padre que trabajaba de portero y yo me acuerdo del de nuestra casa. Se llamaba Julián y leía novelas del oeste. Me acuerdo de sus coloristas portadas.
Habla de un padre que compraba objetos robados y de excursiones en autobús a las huertas de las afueras de la ciudad para robar hortalizas. Y siento el alivio de lo que puede recordarse ahora, mirando por el espejo retrovisor, como algo cómico que te hace sonreír. Y me acuerdo de mi madre y sus faltas de ortografía en la lista de la compra, y de mi padre durmiendo en verano en un colchón en la terraza de casa, enseñando a todo el barrio aquellos calzoncillos de corazones rojos.
Cuenta de brindis en familia y veo a todos nosotros de pie, con la copa de champán en la mano, sonriendo y aparentando felicidad, y de esos besos de cumpleaños, santorales, Navidades y feliz año nuevo y como luego nos quedábamos frente al televisor viendo juntos el programa especial de nochevieja, sin abrir la boca, sin mirarnos a la cara.
Habla de trabajos y yo me acuerdo de cuando estuve trabajando repartiendo publicidad, de mensajero y sirviendo copas los fines de semana, y de la obsesión de mis padres porque terminara una carrera universitaria que ellos no tenían.
Cuenta de un padre chanchullero, irresponsable y caradura, que estafa a sus propias hijas y me veo cogiendo a escondidas dinero del cajón de la mesilla de mi madre. Ahora creo que ella lo sabía y que nunca me dijo nada.
Cuenta de oposiciones y pienso en el anhelo de ese trabajo estable que nos permitirá marcharnos de casa de nuestros padres y empezar a vivir nuestra propia vida lejos de ellos, caminar solos, verles alejarse desde el espejo retrovisor.
Y pienso en las derrotas de mis padres, en sus sacrificios, en sus discusiones, en todos los días que pasaron sin hablarse, en las palabras que nos hicieron daño mutuamente, en todo lo que no se y en todo lo que he olvidado, en que la única vez que les vi besarse en la boca fue en la celebración de sus bodas de plata.
Vuelvo a llamarles por teléfono. Hola ¿qué tal? ¿Ya se ha marchado Emilieta? No, todavía está aquí. Es Luís. Que muchos recuerdos. Gracias, igualmente. Que dice que cuando vengas te dará una docena de huevos y un pozal de higos. Dile que gracias. ¿Querías algo hijo? No, nada, estaba leyendo un libro y me he acordado...
¿Qué si papá ha ido al médico? No, va la semana que viene. Ah, bien, vale. Venga pues. Besos, adiós. Adiós.
No. No le digo nada. Y es que no sabría cómo explicárselo.

Firmando en el Día del Libro

En la caseta de Xordica con el editor, Raúl Usón, y su padre, José Antonio.

Las fotografías son cortesía de Ismael Grasa.

"Ropa tendida" en el Día del Libro

"Ropa tendida" en el Día del Libro

 

23 de Abril: Paseo de la Independencia, Zaragoza.

Firma de Ropa tendida, de Eva Puyó:

De 12 a 14 h. en la caseta de Xordica Editorial.

De 18 a 20 h. en la caseta de la librería Los portadores de sueños.

Pincha aquí para ver qué otros autores podrás encontrar firmando en las casetas de Independencia.

"Ropa tendida" en Escrito en el viento

"Ropa tendida" en Escrito en el viento



Ropa tendida en el blog de José Ángel Barrueco, "Escrito en el viento":



"Cuando me fui de casa mi madre sacó una ristra de objetos que me quería dar: vasos, platos, fuentes... "Llévatelo todo, que me quiero quitar mierda." La mayoría eran regalos suyos de boda, o juegos incompletos de los que se había desprendido alguna de las señoras para las que mi madre trabajaba. Yo le dije que me apetecía ir de compras y estrenar cosas. Rodearme de objetos bellos, en lugar de trastos usados y tarados. No acepté casi nada de lo que me ofrecía. "¿Lo quieres o no lo quieres? Pues a la basura. He dejado de ser una sentimental", me decía mi madre mientras hacía limpieza de armarios. Parecía haber acumulado durante años un ajuar imperfecto del que ahora se quería deshacer.




Ropa tendida es la primera novela de Eva Puyó y posee la frescura y la cercanía propias de un debut literario. Son historias que giran en torno a la familia, a las locuras y a las rarezas y a las intimidades domésticas de personas con las que, de algún modo, el lector se identifica. Uno sabe de lo que Eva habla: las excentricidades de los padres, los hermanos que no se hablan, la independencia y el primer piso, el carnet de conducir, la ropa que una madre tiende en los radiadores cuando afuera llueve... Y todo está muy bien contado, en poco más de 100 páginas y con un humor sabroso que nos recuerda un poco a Mi abuelo, de Valérie Mréjen. La magnífica portada, por cierto, es de Miriam Reyes."




En la imagen de arriba, una fotografía de Miriam Reyes.

"Ropa tendida" en Solodelibros

"Ropa tendida" en Solodelibros

Ropa tendida, de Eva Puyó, en el blog de Solodelibros. La crítica la hace el Sr. Molina:

Ropa tendida es un título que, acabada la lectura del libro, resulta idóneo para definir en líneas generales el contenido: algo cotidiano y sencillo, algo mundano y corriente, algo que todos vemos y que todos debemos experimentar. Eva Puyó ha escrito una novela que consigue hacerle a uno partícipe de su historia sin alharacas, sin estridencias ni adjetivos superfluos, precisamente porque lo que sucede en el libro podría pasarme a mí, o haberme pasado ya, o haberle pasado a alguien muy cercano. Esa ropa tendida es la de todos, porque el padre de la protagonista puede ser como casi cualquier otro, o su madre, o su hermano…
El acierto por parte de la autora ha sido el crear una voz que, narrando en primera persona, parece alejarse de cualquier subjetivismo y convertirse en universal. La protagonista de la historia es una chica sin rasgos definidos, que busca su lugar en la vida como cualquier chica: a tientas, sin saber siquiera qué está buscando. A lo largo de la novela se van desgranando diferentes escenas, ambientadas en momentos temporales diferentes (desde su infancia en casa de su abuela hasta su emancipación en un piso de protección oficial), que nos van mostrando el camino que toma esa búsqueda y, sobre todo, la relación que la protagonista tiene con sus padres.
Creo que debe ser difícil hacer literatura con un tema tan espinoso y propenso al sentimentalismo como es las relaciones paterno-filiales; Puyó lo hace con una sencillez que abochorna, con una honradez mayúscula. Como decía antes, la familia de la protagonista es tan verosímil que es difícil no establecer comparaciones entre la ficción y nuestra realidad; los sentimientos contradictorios que despiertan en ella los comportamientos de su padre, o la abnegación de su madre, son tan cercanos que uno se sumerge en el libro de inmediato. La magia de lo cotidiano, de lo normal, se despliega en “Ropa tendida” con un estilo sobrio y contenido, que no cede a emociones extremas ni a reflexiones profundas de medio pelo. La narradora es una persona como otra cualquiera, que se plantea unas dudas coherentes con su forma de ser y de ver la vida, y que expresa sus pensamientos con inseguridad.
Quizá por este motivo es tan fácil empatizar con ella y sus circunstancias. Quizá es por ello por lo que “Ropa tendida” encierra más profundidad emocional en sus escasas cien páginas que muchas obras que presumen de tratar temas similares. La naturalidad que el libro transmite es inmediata y no tiene nada de premeditado, porque el dolor, la vergüenza, la frustración o la rabia, en muchas ocasiones, son acalladas y circulan bajo la superficie de una persona sin que tengan que ver la luz. En esta novela ocurre eso: las distintas escenas que componen el conjunto muestran situaciones que, bajo su aparente normalidad, esconden un sentimiento: la ira contra un padre derrochador, la vergüenza por sus mentiras, la admiración por una madre sacrificada, la incomprensión ante el comportamiento de un hermano… Todas las emociones están ahí, pero no por refrenadas dejan de ser importantes o válidas. Puyó muestra que la vida se compone de secretos y de vergüenzas, y también que se puede perseguir (e incluso alcanzar) la dignidad personal sin tratar de dejar de lado todas esas sensaciones.
El estilo sencillo, pero hermoso, que la autora ha creado (esa voz en primera persona de la que hablé más arriba) es lo que consigue que atravesemos las escenas de la vida de la protagonista con una mezcla de empatía total y frialdad objetiva. Ella somos todos, y a la vez sólo es ella; lo que le ocurre son hechos muy personales, pero también son muy nuestros. Buena parte de la grandeza de un libro estriba en eso, en convertir lo privado en universal; en “Ropa tendida” Eva Puyó lo ha logrado con una facilidad sorprendente. Y muy gratificante."

"Ropa tendida" en Calle 20

"Ropa tendida" en Calle 20

Ropa tendida en la revista Calle 20. La sección la coordina la escritora Mercedes Cebrián.

"Bolas antipolillas, pies planos, la Superpop, el Seat Ritmo, la Virgen del Pilar, los papá noeles luminosos… todos estos elementos del costumbrismo familiar y vital ibérico se encuentran en los relatos de Eva Puyó (Zaragoza, 1976).

Ropa tendida, su primer libro, es un verdadero descubrimiento: en él se las apaña para, con un estilo sin pretensiones, dejarnos pensativos y con una mosca existencial detrás de la oreja."

"Ropa tendida" en Soyuz

"Ropa tendida" en Soyuz

 

En el blog de Soyuz, sección "A los que leen", una crítica de Asun No a Ropa tendida. El acompañamiento musical elegido esta vez es Junk Shop Clothes, de The Auters

"Conocí a Eva Puyó en la primera edición de Pirineos Sur, cuando podías elegir con los ojos cerrados en qué trozo del pelado campo de fútbol que hacía las veces de camping querías acampar. Iba en nuestro grupo de amigos y compartía tienda con Vicky Calavia y Javi Estella, así que con semejantes huéspedes, el modesto tenderete emitía por la noche rayitos fosforescentes de cultura literaria y audiovisual. Vimos cometas perfilando la cumbre de Peña Foratata.

Recientemente, Eva Puyó ha publicado su primera obra narrativa, "Ropa tendida", todo un libro de historia contemporánea, pues las generaciones que afortunadamente no sufrimos grandes cismas ni tragedias, también tenemos nuestras pequeñas marcas a fuego ganadas con el tiempo: empleos precarios, sorteos de pisos de VPO, trapicheos familiares, broncas fraternales, el profesor de autoescuela más borde del mundo… ¿Quién no ha padecido una de estas ampollas?

Tu vida o/y la de tu vecina, en primera persona. No por común deja de ser un argumento interesante, y más aún si se aborda con chispa e ironía, mucha ironía. No más príncipes matando dragones, no más empacho feliz de perdices. Sandra es la heroína de nuestros días, de La Jota, hija de una mujer de la limpieza y un ludópata, cuida niños, compra en Zara, escucha a Kase-O, acumula objetos robados por su padre y torres de cedés por el suelo.

Sandra registra con sus recuerdos y anécdotas el día a día de cualquier familia ‘estructurada’. Va creciendo con todo ello, quemando etapas, pasando pruebas (el carnet de conducir, la oposición, el sorteo de pisos, nuevo novio). Heroína en silencio, como su abuela durante la guerra civil, como tantas.

“Nacimiento”, “Amigos de mi padre”, “Las señoras”, “Llaves”, “Suegros”, “Varices” son algunos de los escuetos y elocuentes títulos que marcan el ritmo de este pequeño libro, pero las cosas suceden como vienen y tampoco hay tiempo para la reflexión. Ni tendría mucho sentido. Es historia, digo, no filosofía.

Tras diversos avatares, parece que Sandra finalmente consigue lo que quiere, lo que han hecho que queramos: piso y trabajo fijo. Y llega, así, triunfante y dichosa al último episodio, “Paraíso”: El edén es un huerto abandonado de un barrio rural en el que no se escuchan precisamente trompetas de júbilo, sólo el crujir de una rama de caqui al que su padre ha trepado para robar fruta.

Ropa tendida, sin centrifugar, chorreando intimidad familiar por el patio de luces y por las calles de Zaragoza. Una nutrida generación en boca de una nueva voz. Eva Puyó, calentando motores.
x Asun No"

 

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

"Ropa tendida" en La caja de los hilos

"Ropa tendida" en La caja de los hilos

Tomás Lobo escribe una reseña sobre el libro Ropa tendida (Xordica, 2007), de Eva Puyó, en La caja de los hilos. Acompaña música de los Smiths y una fotografía de la checa Sára Saudková. Todo el acompañamiento es idea de La caja de los hilos.

"Colgar la ropa en un tendedor es quizá uno de los mayores ejercicios de exhibición íntima que uno puede hacer. El vecino ve nuestros calzoncillos y nuestras sábanas, nuestros vestidos de fiesta y nuestro pijama de rayas. Al voyeur puede que le interese, que le cause cierto morbo elucubrar sobre las vidas escondidas en la colada, pero cuando sujetamos las prendas con las pinzas no solemos pensar (al menos a mí me pasa así) en las miradas furtivas. Lo único que queremos es que no se nos caigan los calcetines rotos al piso de abajo. En su primer libro, Eva Puyó tiende (sobre el radiador caliente, claro está) la ropa de una familia humilde, que no tiene ni nombres ni apellidos, para tejer una serie de historias mínimas, próximas, que se encadenan dentro de un proceso de aprendizaje por el que la narradora alcanza la madurez física y emocional. Con un lenguaje desnudo, sin alardes ni maquillaje, viste con un delicado sentido del humor historias de dolor y alegría familiar, casi desde una perspectiva neorrealista que coloca las relaciones paternofiliales y fraternales bajo un microscopio sorprendido. En el libro de Eva hay además dos guías sobre las que se mueve el relato y sin las que quizás no tendría sentido. En primer lugar el espacio, una Zaragoza tierna y dibujada al carboncillo. “Ropa tendida” no se podría haber desarrollado en otro lugar. Por otro lado está el tiempo, especialmente para todos aquellos que, como Eva, nacimos en el 76, nos educamos con los pitufos y Pumuki y odiamos la revista Superpop para acabar escuchando a Kase-O o fumando porros en alguna de esas noches torcidas del bar “Bar”. Mientras tiempo y espacio se acomodan, la protagonista crece sin traumas, aprende a conducir, consigue su primer empleo, compra una VPO en el extrarradio, se enfrenta al amor y, poco a poco, empieza a tomar las riendas de una vida cogida con pinzas y expuesta al vecindario como ejemplo de supervivencia. Ahora, lo que toca es echarle un vistazo a la ropa tendida de Eva Puyó".

Sára Saudková es una extraordinaria fotógrafa checa digna heredera del gran maestro Jan Saudek. La imagen que ilustra este post se titula "The little laundress".

The Smiths – There Is A Light That Never Goes Out.mp3

The Smiths - Bigmouth Strike Again.mp3

The Smiths – How Soon Is Now.mp3

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres